Bolsa de Comercio de Santiago de Chile

En Chile, los primeros intentos de crear una Bolsa se realizaron en 1840 con muy poco éxito. En 1884 existían 160 Sociedades Anónimas, lo que obligó al establecimiento de un mercado de valores especializado al que se desplazaran las transacciones de títulos.
El 27 de noviembre de 1893 se fundó la Bolsa de Comercio de Santiago, un paso trascendental para inyectar vitalidad y dinamismo a la economía nacional. En esos años, ya existían 329 Sociedades Anónimas, la mayoría de ellas dedicadas a la minería.
A partir de 1973 se llegó a consenso de realizar profundas reformas económicas, orientadas principalmente a la liberalización de la economía, la descentralización, la apertura externa y el respeto a al propiedad privada.
Dentro del paquete de reformas económicas que se realizaron y que beneficiaron al mercado de valores destaca la reforma previsional, que reemplazó el régimen de pensiones basado en el reparto de un fondo común, por otro de capitalización individual, en que los ahorros previsionales son administrados por entidades privadas: las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP).
Bajo el alero del modelo de economía de mercado adoptado a partir de 1973, y dentro del marco de crecimiento económico que ha predominado en ese país desde la década de los 80, el mercado de valores chileno ha experimentado un desarrollo extraordinario, caracterizado por un crecimiento sustancial de las operaciones bursátiles, de las emisiones de valores, la diversificación de los instrumentos transados y la apertura de nuevos mercados.
Por otra parte, durante este período, importantes inversionistas institucionales como Fondos de pensiones, Compañías de seguros, Fondos de inversión de capital extranjero y Fondos mutuos se incorporaron a la Bolsa de Comercio de Santiago.
Con una historia centenaria en el mercado bursátil chileno, los principales desafíos al futuro de la Bolsa de Comercio pasados están dirigidos fundamentalmente hacia el desarrollo y la profundización del mercado de valores, abocándose a su vez a la integración de la Bolsa con los mercados financieros internacionales, a la incorporación de las nuevas tecnologías a las que se enfrenta la industria bursátil y a incentivar la participación de los inversionistas en el mercado.

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